MADURANDO (13) Los Relatos de Amelia



Madurar en ocasiones duele, y mucho, existen tiempos diferentes para que este proceso ocurra y aunque lo idóneo es que suceda lo antes posible, la sensación de Amelia es que ella ha madurado tarde, quizá demasiado y esa tardanza la ha llevado a vivir a veces dando trompicones, teniendo caídas, lágrimas y tomando decisiones inadecuadas.

Lo entendió hace relativamente poco, observando el paisaje a través de la ventana mientras removía y removía la sopa “cayo en la cuenta” que a una situación determinada ocurrida el día anterior la reacción fue absolutamente distinta a la que en otras ocasiones había improvisado. Y esto la llevó a estar todo el día meditando, llevando sus pensamientos a los últimos meses y examinando cada una de las situaciones que habían sido algo complicadas, pensó en cada una de sus reacciones, ¡definitivamente algo había sucedido!

También trajo al recuerdo otras circunstancias, esta vez no difíciles, sino triviales pero incluso su manera de mostrar la alegría había cambiado.

¿Ha madurado? Si, de una manera imperceptible para ella, y con los ojos fijados en el techo se preguntaba por qué esto no había sucedido antes, ¡se hubiese ahorrado tantos disgustos, tantas lágrimas!

Y aún esta pregunta martillea sus pensamientos ¿por qué no antes? Cree ya saber la respuesta, ¡quizá antes pensaba más en ella misma que en cualquier otra cosa, en sus propios sentimientos! e indiscutiblemente lo que sucede es que ahora le da prioridad a lo realmente importante, teniendo en cuenta el pensar de Dios y no tanto el de los otros, además ha logrado cuidar la parcela de su intimidad como nunca lo había hecho, y esto le ha ayudado a subir muchos peldaños en el aprendizaje.

Ha dejado que Dios trabaje en su parcela, que vaya modelando cada uno de los aspectos de su carácter, y aunque sabe que le queda mucho por dejarse hacer en el torno de Alfarero, la brisa quitó la neblina de sus ojos y la calma se ha apoderado de sus pies que en otras ocasiones corrían con desenfreno.
 
Madurar lleva a una vida plácida, certera en las convicciones, cálida, con esa sensación de hogar en cada uno de los rincones del corazón. Madurar implica menguar para que sólo Él se vea, amar por encima de ganar la discusión, extender la mano aunque haya sido mordida mil veces. Madurar implica tiempo para ti, para examinarte, para valorarte y amarte, para corregir.

Madurar implica no luchar por los primeros lugares en las carreras si eso implica dejar lastimados en el camino, sino que con constancia y fe llegar a la meta extendiendo la mano para que otros también lo hagan.

Madurar lleva a respetar la decisión de los que no quieren saber de ti y aún así amarlos en la distancia, orar y llevarlos en el corazón.

Madurar es cumplir lo dicho, establecer las prioridades y cambiar las promesas por compromisos, cambiar decisiones por determinaciones, cambiar deseos por hechos.
Por todo esto madurar duele, pero se hace necesario pues solo de esta manera se puede andar por el camino trazado por el Señor, el llanto se hace más efímero y las lágrimas dejan de humedecer el alma.

¡Duele! pensaba Amelia, Si, pero el dolor es transitorio pues el peregrinar hacia lo eterno borra cualquier atisbo de pesar.

¡Duele, si! pero también deja de doler, porque cuando la madurez es la almohada de tu cabeza, el descanso deja de ser fugaz.

Duele el proceso, pero descansas en la vida.

INVITACIÓN:

No se si te consideras una mujer madura o no, un hombre maduro o no, Amelia creía que lo era, pero con el devenir de la vida entendió que no lo era tanto.

No importa la edad, hoy el Señor te da la oportunidad que comiences la transformación hacia la madurez.

Puede ser que haya madurez en ciertos aspectos de tu vida, pero no exista en otros. El tiempo de la madurez, si se es consciente de ello, no se debe retrasar, por el contrario, dejarse tratar por Aquél que nos quiere fuertes, maduros en la fe para así observar todo a través de tus ojos.
   

Ora a Dios, pide que la madurez sea, a partir de hoy tu vestido.



Examina tus reacciones, tus actos y a la luz de la palabra etiqueta cada uno de ellos, ponles nombres: necedad, egoísmo, indiferencia, rabia, dolor,… ponerles nombre te ayuda a identificar las áreas en las que hay que trabajar.

Antes de actuar en cualquier situación, de hablar en cualquier circunstancia, no te dejes llevar por los impulsos, piensa y examina bien si es esa la manera de actuar de una persona madura, de un hijo de Dios.

Determina trabajar en esta área. La determinación a diferencia de las decisiones, son aquellas se llevan a cabo de manera constante, es decir, no te propongas actuar con madurez hoy porque estás leyendo este post y en unos días se disipó de la mente y volvemos a las andadas. 

Tu madurez te hará bien, tu madurez hará bien a los demás, tu madurez agradará al Padre, tu madurez te llevará a caminar por sendas de rectitud, tu madurez fija tus ojos en la meta.
 ¿Alguna duda para comenzar a trabajar?

Amelia lo tiene claro, no hay marcha atrás.
 ¿Y tú?

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