ESCUCHANDO



Dios habla, eso lo sabemos, lo hemos experimentado y pocas cosas causan tanto gozo como recibir palabra específica, esa que llega en el momento oportuno, esa por la que has orado, quizá pidiendo dirección, consuelo, esa por la que tu corazón clama ante la confusión.

Tenemos un Dios personal, cercano, y si bien es cierto que en ocasiones el consejo de un hermano es de bendición y provecho, nada puede sustituir el consejo de Dios, ese es el que no falla, el que no tiene otra intención sino agradarle a Él y bendecirte a ti.

No se si estás en un tiempo de espera, en el que necesitas una confirmación, dirección con urgencia, un ¡vamos! que te haga despertar, si es así, es el momento preciso para mirar al cielo y clamar por Su voz.

Yo me he sentido de esta manera en muchas ocasiones, sedienta de su guía, confusa ante tantas otras voces que a tu alrededor intentan “gobernar” tu vida, diciéndote No a lo que tú sabes que Dios ha dicho Si, intentando dirigir tus pasos a sus formas, a sus visiones, quizá con toda la buena intención, pero no siempre acertadas. Y eso puede hacer decaer tu ánimo, tu deseo, tu ímpetu y la indiferencia lucha por mudarse a tu casa, y el desazón por convertirse en tu vestido, la zozobra queriendo adornar la cabecera de tu cama...

Cuando eso ocurre, el enemigo toma fuerza, agita bandera desesperadamente sobre tu vida y grita y grita para que escuches su voz; no ignoremos sus maquinaciones dice la Palabra, para poder luchar contra todos sus propósitos, que ha planeado sean el libreto de tu vida.

Pero en toda esta lucha, Dios no se queda callado, su misericordia y su amor hacen que como trueno, Su Palabra llegue al corazón y penetre hasta las coyunturas refrescando todo lo árido, vistiendo de esperanza lo moribundo, aplanando el terreno, inyectando un gozo nuevo en venas casi desechas que reviven.

Su voz, que hace que la eternidad de nuevo tenga eco, que la casa se llene de gloria, que la sonrisa salga de la madriguera, voz que dice: Yo si creo en ti, Yo si tengo planes para ti, Yo si cuento contigo, Yo si te amo como eres, Yo si soy tu Padre, Yo si te tengo en el hueco de mi mano, Yo si te miro y te veo, amándote, amándote, amándote.

Esa es la voz que debes anhelar, buscar. Esa es la voz que afincará tus pasos y eso en lo que nadie cree, se hará realidad porque su Su voz ha dicho: Si, es mi voluntad.

El tiempo es un tesoro de valor muy pocas veces apreciado, pero que la confusión y el no escuchar la Palabra que viene del cielo hace que perdamos sin remedio, que despistados, miremos a otras direcciones mientras el enemigo sonríe ante la terrible incertidumbre que se apodera de las manos.

Si el tiempo se ha perdido, “ya no más” es hora de desplegar alas, dirigir bien los tiempos presentes que están ante ti para comenzar a vivir como Su Voz ha dicho.

Pero es necesario que dediques tiempo a buscarle, con corazón quebrantado, con manos extendidas, con sed de Su presencia. Toma tiempo cada día, pero no un tiempo “de paso”, un tiempo “porque toca orar”, sino un tiempo real, de cercanía, solo Él y tú, sin interrupciones, sin que otros pensamientos pululen por la estancia, por la mente. Es necesario que dediques tiempo a escucharle, a abrir Su Palabra y escuchar esa voz eterna, inamovible, que desata y da vida. Es necesario que te deleites en Dios en pasar tiempos hermosos tomada de su mano, con el corazón dispuesto, alborozado.

Si esto haces, sin duda, escucharás como te habla, y las otras voces, esas que tanta confusión, frustración y tristeza han traído, esas comenzarán a desaparecer.

Escucha Su voz, solo Él sabe lo que quiere para ti, solo Él conoce ese corazón que palpita, solo Él puede dar la dirección que lleva a Su voluntad perfecta.

Feliz y bendecido día para tod@s.

2 comentarios:

  1. Amada Esther el Señor me bendices siempre con lo que compartes, gracias por ser un canal de vida y bendición,...hoy saque un tiempito para leerte ya que a veces el tiempo es corto, el trabajo, la familia, ya me pondre al dia con lo que has compartido. Dios bendiga tu vida linda amiga y hermana al igual a tu familia. Te dejo un gran abrazo.

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  2. Mi amada Jenny, tú si que me bendices con cada una de tus palabras. Muchas gracias por todo, ¡domos gloria al Señor siempre!
    Espero que estés bien y que en medio de todo lo que tienes que hacer también puedas descansar.
    Un fortísimo abrazo mi quedia hermana y todo mi cariño, que sabes que te tengo. Bendiciones para tu familia.

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