LO IMPORTANTE


Cuando en el dolor, la incertidumbre, el desconcierto, veo tu amor expresando en Palabra entregada, en enseñanza, en recordarme eso que ya me habías enseñado ¡así es Esther! no importan otros pensamientos, ¡así es!

Cuando cuestiono mi proceder por voces escuchadas y escucho tu voz diciendo: ¡Así te hice, me place!

Cuando entiendo que mis sueños de zarza que arde, de fuego que desciende, de presencia, de mover, de milagros “a la Puerta de la Hermosa”, de lenguas repartidas como de fuego están en mi corazón y vienen de Ti, cuando eso sucede me conmueves, me postro, te agradezco. Tu mano extendida hacia mi, ¿cómo agradecer tanto amor?

Queridos amigos y hermanos, nada más importa, solo que la voluntad de Dios sea tu voluntad, que tu vida esté alineada a Su Palabra. ¿Qué todos lo entenderán? NO, ¿importa eso? Solo importa lo que Él piense.

LIBRES DEL PECADO QUE NOS ASEDIA


En ocasiones se escuchan testimonios de personas, cristianos que aman a Dios, que incluso sirven en la iglesia y que de cuando en cuando vuelven a caer en el mismo pecado.

Hablando de pecado habría mucho para disertar pero simplificando el asunto podríamos resumirlo en: el pecado esporádico, y aquel que se repite una y otra vez, quizá no con demasiada frecuencia, pero “de tanto en tanto” el pie resbala y vuelve a caer en el mismo hueco.

Que esto suceda a personas que viven alejadas de Dios podríamos considerarlo “normal”, pero ¿qué de aquellos que aman a Dios, que incluso le sirve y que lloran desconsoladamente cuando de nuevo ceden ante el pecado? ¿qué de ellos? ¿qué es lo que sucede?

Aunque diversas pueden ser las causas, existe una razón principal para que esto suceda: falta buscar a Dios, pasar tiempo junto a Él, ese es el “quid de la cuestión”, como suele decirse, pero no un tiempo “porque toca” sino un tiempo de calidad, de derramar tu corazón, de escuchar su voz, sin prisas, donde impregnarte de Su presencia sea tu mayor tesoro.

Si pasamos tiempo a solas con Él, si somos colmados de Su Presencia, ya no habrá espacio para nada más, y no habrá resquicio para ensuciar de nuevo el corazón.

¿Una mente saturada de su Palabra? Nada más podrá entrar.

En multitud de ocasiones culpamos al enemigo de nuestra situación, pero a veces somos nosotros, por nuestra negligencia los causantes de la situación que nos envuelve. Si la tentación llega, digamos como Jesús: Escrito está… La Palabra dice que resistamos al enemigo y éste huirá pero para ello tienes que estar lleno de presencia de Dios.

¿Qué sucede cuando la mayor parte del tiempo la dedicamos a otras cosas? Televisión, novelas rosas, conversaciones que corrompen las buenas costumbres, ...ociosidad sin provecho ¿qué sucede? Pues que esto será lo que sature la mente guiándote, aún sin ser consciente, hacia el pecado y desplazando despacio o rápidamente lo “poco” de Dios que aún se apega al corazón.

¿Amas a Dios? ¿Amas tu vida? ¿Quieres irte cuando venga a buscarnos?

Satúrate de Su Palabra, dedica tiempo a diario a estar en Su Presencia, que cada rincón de tu ser respire Su fragancia, esa y solo esa será la solución, y entonces seremos libres del pecado que nos asedia.

Recuerda que en la cruz, ya Él compró tu libertad.
 
 



CALAFATEADOS

Calafateados... una palabra inusual pero que puede traer una gran enseñanza.  Espero que esta predicación ministre vuestras vidas.
Bendiciones para todos.


SABER - ELEGIR



Hace unos días, en una conversación, mi esposo me dijo una frase que me hizo reflexionar, es una frase para meditar y posiblemente al leerla por primera vez no se entienda muy bien: “Para ganar hay que saber perder, para ganar hay que elegir el bien”

¿Para ganar hay que saber perder? Parece contradictorio pero... no lo es. Veamos, hay ocasiones en las que es necesario saber o incluso, diría yo, elegir perder: elegir perder una discusión, una controversia, un asunto que en definitiva no tiene importancia con tal de conservar el amor, la amistad, no hacer daño.

Si para no lastimar debes “perder” una conversación, hazlo, si para no perder una amistad debes “perder” una discusión, hazlo, si para conservar el amor debes “perder” una controversia, hazlo.

¿Es más importante ganar una discusión y perder al amigo, causar daño? Yo creo que no, creo que hay cosas que no tienen la mayor importancia y en ocasiones nos enfrascamos en tener la razón, en ganar todas las discusiones, cuando esto en realidad no es lo más importante.

Si es cuestión de doctrina, de fe, debemos exponer claramente la verdad, no para ganar una discusión sino porque el Señor nos llama a contender por la fe: “ Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos” Judas 1:3

Pero en otro tipo de cuestiones: si yo dije esto y tu dijiste aquello, si era de noche o si era de día, si habían ocho o habían nueve, si era verde o si era amarillo, por tales asuntos,  es mejor no discutir, elegir perder, saber perder para conservar lo importante.

Y por supuesto, la otra mitad de la frase, para ganar, para ganar de verdad hay que elegir el bien, hacer el bien, mostrar bien, desear el bien, esos son los verdaderos ganadores, los que practicando el bien aman a los demás como a sí mismos, y elegir el camino del bien, del bien superior, del BIEN con mayúsculas, CRISTO, Él y solo Él nos hace ganadores, recibiremos corona, vida eterna si le obedecemos a Él.

Y tú ¿qué eliges?
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