CALMA (8) Los Relatos de Amelia


Parece que el viento ha variado de dirección, que comienza a soplar suave, como un susurro que va guiando cada paso.

Cambió la dirección del viento, y esto, para Amelia, hasta hace relativamente poco no era ni deseable, ni probable. Pero a veces ocurre, cuando confías y anhelas agradar al Señor, Él como buen Maestro va desgranando cada enseñanza frente a nuestros ojos.

Y así está Amelia, meditando en su aprendizaje, entendiendo que la impulsividad casi nunca es buena compañera y que dar pasos cortos, en ocasiones es lo más apropiado, aprendió que “la calma es buena consejera”, ¡por fin!

Quizá la madurez que va asentándose en el corazón ha alentado este proceso, la verdad es maravilloso observar como la teoría salta a la realidad, y va produciendo en Amelia una transformación. 
¡Cuánto le hubiese gustado entender esto hace tiempo! para quizá actuar de otra manera en alguna ocasión, para callar cuando habló, para retirarse cuando dio un paso al frente, porque aunque estemos en lo cierto y tengamos razón, a veces hay que quitar el pie del acelerador.

Pero no es tiempo de lamentos, ni de “pudo haber sido y no fue”, es tiempo de tomar con fuerzas esta nueva etapa, apretarla entre las manos para que ninguna circunstancia la deje caer al suelo, ahora es de ella y solo de ella.

Hay tantos “maestros” que Dios está poniendo en la vida de Amelia, ahora lo entiende y está agradecida por ello. Estos “maestros” son en ocasiones personas, otras veces circunstancias, otras veces palabras u oportunidades, un “abanico de maestros” que el Señor dispone frente a ella, a los que en ocasiones percibe y en otras solo los ve cuando ya ha recorrido el trayecto. Pero ahora Amelia quiere estar atenta, porque esta vida le agrada, porque sabe que Dios la está preparando, que está moldeando su vida,  ahora siente que es ella la que, en dependencia de Dios, tiene el control y no otros, y eso le gusta y era necesario, ha dejado de ser espectadora para convertirse en protagonista de su vida, y aquellas escalera que comenzó una vez a bajar desde la azotea parece va a llegar a buen término.

¡En fin! Que ahora Amelia sonríe por dentro, que es donde de verdad importa, y se la puede ver por la calle, con cabeza alta, VIVIENDO.

Seguiremos informando.

INVITACION.-

Querido lector, si tu vida se ha convertido en un torbellino que mantiene tus pies en el aire, a una velocidad límite casi todo el tiempo, es hora de parar y comenzar a vivir despacio, con la calma como consejera, para que nada se te escape entre los dedos, para que cada palabra hablada, cada gesto hecho esté conforme a la voluntad del Señor y no influenciado por la circunstancia vivida, la palabra escuchada, la mirada recibida.

Dios bendiga tu día.

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