LIBRES DEL PECADO QUE NOS ASEDIA


En ocasiones se escuchan testimonios de personas, cristianos que aman a Dios, que incluso sirven en la iglesia y que de cuando en cuando vuelven a caer en el mismo pecado.

Hablando de pecado habría mucho para disertar pero simplificando el asunto podríamos resumirlo en: el pecado esporádico, y aquel que se repite una y otra vez, quizá no con demasiada frecuencia, pero “de tanto en tanto” el pie resbala y vuelve a caer en el mismo hueco.

Que esto suceda a personas que viven alejadas de Dios podríamos considerarlo “normal”, pero ¿qué de aquellos que aman a Dios, que incluso le sirve y que lloran desconsoladamente cuando de nuevo ceden ante el pecado? ¿qué de ellos? ¿qué es lo que sucede?

Aunque diversas pueden ser las causas, existe una razón principal para que esto suceda: falta buscar a Dios, pasar tiempo junto a Él, ese es el “quid de la cuestión”, como suele decirse, pero no un tiempo “porque toca” sino un tiempo de calidad, de derramar tu corazón, de escuchar su voz, sin prisas, donde impregnarte de Su presencia sea tu mayor tesoro.

Si pasamos tiempo a solas con Él, si somos colmados de Su Presencia, ya no habrá espacio para nada más, y no habrá resquicio para ensuciar de nuevo el corazón.

¿Una mente saturada de su Palabra? Nada más podrá entrar.

En multitud de ocasiones culpamos al enemigo de nuestra situación, pero a veces somos nosotros, por nuestra negligencia los causantes de la situación que nos envuelve. Si la tentación llega, digamos como Jesús: Escrito está… La Palabra dice que resistamos al enemigo y éste huirá pero para ello tienes que estar lleno de presencia de Dios.

¿Qué sucede cuando la mayor parte del tiempo la dedicamos a otras cosas? Televisión, novelas rosas, conversaciones que corrompen las buenas costumbres, ...ociosidad sin provecho ¿qué sucede? Pues que esto será lo que sature la mente guiándote, aún sin ser consciente, hacia el pecado y desplazando despacio o rápidamente lo “poco” de Dios que aún se apega al corazón.

¿Amas a Dios? ¿Amas tu vida? ¿Quieres irte cuando venga a buscarnos?

Satúrate de Su Palabra, dedica tiempo a diario a estar en Su Presencia, que cada rincón de tu ser respire Su fragancia, esa y solo esa será la solución, y entonces seremos libres del pecado que nos asedia.

Recuerda que en la cruz, ya Él compró tu libertad.
 
 



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