BAJANDO DE LA AZOTEA (7) Los Relatos de Amelia


Si bien es cierto que Amelia sigue en la búsqueda de su propia personalidad, ha ido avanzando, sigue firme en las decisiones tomadas, pocas, para ella todo un triunfo el poder mantenerlas.

Casi siempre su tiempo de reflexión es con la cabeza apoyada en su almohada, y como no podía ser menos, esta noche meditó sobre su propia vida, y encontró palabras para lo que siempre ha pensado y sentido en su propio corazón: VIVE EN LA AZOTEA DE SU VIDA, mirando desde arriba como transcurre la obra, como se abre y se cierra la puerta, ajena, observando aún como ella sale y entra pero en realidad su estancia es el tejado, la azotea, como si de las tablas del escenario se tratase, definitivamente, esas tablas se han convertido durante mucho tiempo en su estancia.
Aunque no ha levantado oposición, no se ha revelado a esta situación, si era consciente de ella, durante mucho tiempo, y durante mucho tiempo ha querido bajar y como se suele decir ser la protagonista de su propia vida, pero siempre ha quedado a mitad de la escalera, devolviendo peldaños caminados que nuevamente la han llevado a la azotea.

Cada vez que ha dado un paso ha sido a raíz de una decepción, de sentir que vive para que otros acepten sus decisiones y eso la hace infeliz y comienza a caminar hacia su vida, descendiendo peldaños, pero pronto deshace lo andado, se le olvida, no es rencorosa, algo que es un tesoro, pero eso la vuelve a llevar al punto de partida.

Pero anoche, en su cama, sucedió algo diferente, fue consciente que debe bajar esas escaleras, dejar la azotea, NO porque se haya llevado una decepción, sino porque entendió que el tiempo corre a pasos agigantados y la dejará detrás si no toma las riendas y se adueña de su día a día.

Así que hoy es un día especial, muy especial, hoy quiere dejar de ser espectadora de sus vivencias y dejar de sentir que no vive, sino que simplemente deja transcurrir los días. También ha sido consciente que cuando ha comenzado a bajar peldaños, aunque sean pocos, ha sido feliz, pues no necesita de otros para vivir su vida, sino que ha experimentado que su vida es suya y que quiere dar ella y solo ella los pasos: Amelia caminando, sin que sean otros pies los que dirijan, otros los que ponen las señales y dejar de estar amarrada a las mentes y ojos de los demás, pues esto solo la hace feliz a ratos.

¿Siempre ha estado en la azotea, observando pero no viviendo? La verdad es que no, hubo un tiempo en que fue ella misma, expresando sus sentires sin el miedo que otros la juzgaran, la evaluaran, sin tener que dar un porqué de cada paso dado.

¿Cuando comenzó a subir las escaleras hacia ese palco de espectador? Pues no lo sabe muy bien, de lo que está segura es que la responsable ha sido ella misma.

No sabe el “cuándo”, pero si el “por qué”, sabe que fue lo que la empujó a esa azotea,  el no decir NO cuando en realidad eso era lo que deseaba, la empujó el pensar siempre en lo que los demás desean sin tener en cuenta lo que ella en algún momento podía desear, en ponerse delante del foco una y otra vez y dejar que toda la luz le de de lleno, el no querer pasear sola, cuando en realidad ha descubierto que le gusta, que le gusta mucho. La empujó el que cada acción la emprendía pensando en lo que a otros les pudiera parecer.

Todas estas áreas sin resolver, han sido empujones que la han llevado a estar sobre el tejado mirando a otros vivir, convirtiéndose casi en autómata en su día a día.

Es una vida que agobia, que pasa rápido, que hace que no diga lo que realmente piensas, sino que oculte mucha veces su pensar porque otros se han comido literalmente su vida, y Amelia tiene miedo de no ser o hacer lo que se espera de ella, siempre lo correcto, siempre lo adecuado, según la visión de otros ojos, pero en realidad, ¿la única mirada que importa? La que viene del cielo, cuando Dios nos mira.

Y tú ¿has vivido en alguna ocasión en la azotea de tu vida?

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