FLORES EN MI VENTANA (5)


En las etiquetas “Flores en mi ventana”, iré mostrando las “flores”, los regalos, las bendiciones que el Señor cada día, trae a mi ventana.

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. (1 Tesalonicenses 5:18)



- Poder extender la mano.

- Palabra de Dios específica para mi, ¿qué puedo decir? Conoces mi corazón, mis sentires, y me hablas.

- Reafirmado el llamado, el deseo de usarme, ¡cómo no estar agradecida!

- Dirección a mi vida, de todas las maneras, por todos los senderos.

- Su brazo de misericordia que aún no se ha cortado.
- En todo los momentos Tú sigues  estando.

- Corazón conocido por Ti, abrazado por Ti, acurrucado en Ti.

- Un día diferente.

- Decir lo que se tiene que decir, para poder enseñar.

- Nuevo reto, en el corazón hace tiempo, entendiendo y obedeciendo.

- Jeremías 31:3

- Levantarme y entender que el cuidado buscado viene de Ti, me abrazas, me cuidas, me cuidas con cuidado delicado ¡cuánta paz en tus brazos Jesús!

- Clases hermosas, aprendiendo todos.

- Todos en Cristo.

- Equipaje dejado atrás, decisiones tomadas y dando gracias a Dios por levantar vallado a mi alrededor, incompresible para mi en ocasiones, hoy eternamente agradecida.

SAVIA EN LA SEQUEDAD




Si despojado y abatido
cual violín mudo y hambriento,
si habitando en los recuerdos
y muriendo en sequedad,
si invisible  respirando incertidumbre
y las sonrisas habitan en otro lugar,
si los ojos perdieron la mirada
y en las venas circulando hay soledad,
si el rocío mañanero son agujas que hacen daño
y la mano amiga, fue cortada ya,
si el alma cuarteada, cuarteada en soledad,
si el alma cuarteada ¿dónde he de mirar?

Hay esperanza bendita
emergente fluyente de miel
que abriga, levanta, da voz y sostén
da vida, presencia, certidumbre, compañía
propósito, armonía, un amanecer.
Jesús, experto restaurador
en hacer donde no había
en brotar en la aridez,
en dar tal importancia a tu vida
que la suya laceró
por amarte y darte vida
la sublime, la eterna, la de Dios.


“... yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”
(Evangelio de Juan 10:10)

Almohada de rocío, savia en la sequedad.

¿DONDE HE DE HABITAR...?



Si tu abrigo me abriga, nada pasará,
si tu mano me sostiene ¿qué me tocará?

Si el entorno me buscare para hacerme resbalar
y quisiera anclar el ruido, y que no volase más,...
si tu mano me sostiene, nada pasará.

¿Y dónde he de habitar más allá de este lugar
de tu mano, tu presencia, de tu abrigo, tu mirar?

Si el cielo oscureciere y el aire dejara de transitar,
si la tierra desertare y huyere a otro lugar,
si aun el malo gobernare y mordiese el caminar,
y quisiera que el sosiego gire y robe nuestra paz,
si tu abrigo me abrigara,... nada pasará

¿Y donde he de habitar más allá de este lugar
del rincón de tus anhelos, en un ansiado despertar?

Que si el lecho emigrara para no volver jamás,
que si todo faltara y menguara el respirar,
y lo solido desvaneciere y un vapor tomara su lugar,
si tu mano me sostiene, …nada pasará

¿Y dónde he de habitar mas allá de este lugar
en tu repaso de cada uno de mis cabellos contar?

Que si todo cayera, mil y diez mil,
sostenida por tu mano, a mi no ha de llegar.



Solo puedo decir, que me inspira este escrito el saber que que en las manos de mi Padre todo es cobijo y seguridad, que su promesa se cumple, sabiendo que
"El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente" (Salmo 91:1)

Y que...
"Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará" (Salmo 91:7)

Y que Dios me ha prometido...
"Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré" (Salmo 91:14,15)

Por tanto donde más puedo habitar
que en sus manos seguras,
manos de misericordia,
manos de bondad.

Es mi deseo que tú, en esas manos, puedas habitar.
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