SAVIA EN LA SEQUEDAD




Si despojado y abatido
cual violín mudo y hambriento,
si habitando en los recuerdos
y muriendo en sequedad,
si invisible  respirando incertidumbre
y las sonrisas habitan en otro lugar,
si los ojos perdieron la mirada
y en las venas circulando hay soledad,
si el rocío mañanero son agujas que hacen daño
y la mano amiga, fue cortada ya,
si el alma cuarteada, cuarteada en soledad,
si el alma cuarteada ¿dónde he de mirar?

Hay esperanza bendita
emergente fluyente de miel
que abriga, levanta, da voz y sostén
da vida, presencia, certidumbre, compañía
propósito, armonía, un amanecer.
Jesús, experto restaurador
en hacer donde no había
en brotar en la aridez,
en dar tal importancia a tu vida
que la suya laceró
por amarte y darte vida
la sublime, la eterna, la de Dios.


“... yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”
(Evangelio de Juan 10:10)

Almohada de rocío, savia en la sequedad.

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