PLENAMENTE EN TUS MANOS



Sáciame Señor con tu presencia,

con ese amor que no se agota,

con la paz que abraza cada una de mis pruebas,

con la tierna mirada con la que me abrigas.

Viste Señor mis amaneceres con tu sonrisa sobre mi,

con tu justicia infinita que me establece en tu senda,

con la brisa de tu misericordia que me envuelve hasta hacerme esbozar

“solo Tú”.

Guíame Señor con tu mano poderosa,

con cuerdas de amor que me llevan a Ti,

con el faro de tu voluntad que guía mi peregrinar hasta el hogar.

Plenamente en tus manos Señor, plenamente en tus manos.

A PESAR DE MÍ



A pesar de mí me amas,

de las equivocaciones,

de las escaleras torcidas y los veranos sin sol.

A pesar de mí,

de los pecados que he amontonado,

de las alabanzas que no te he dado,

a pesar de mí me has amado.

A pesar de mis promesas fallidas,

de mi naturaleza caída,

de mi nostalgia que atrapa,

de los días sin rumbo,

de ir al norte cuando era al sur,

de mirar al horizonte cuando hacia arriba estabas Tú.

A pesar de mí, porque miras a Tu Hijo,

su sangre derramada, su vida entregada,

a pesar de mi, Papá, me amas.



Buenos días, no olvides hoy, alegrarte por el amor del Padre.

SIN AÑORAR



Sin añorar el mundo, ni el desierto, ni la tiranía de Faraón.
Sin añorar el camino espacioso y la puerta ancha que con cartel de neón intenta atrapar al peregrino.
Sin añorar el caramelo engañoso que la mano enemiga ofrece, ni los brillos de oropel y la paz ficticia que intenta pasar por real.
Sin añorar el ungüento de antaño que nublaba los ojos y ofrecía otra realidad teñida de sonrisas, de arrullos del corazón que eran precipicios mortales.

Sin añorar nada,
porque soy peregrina,
porque este no es mi lugar,
porque encontré al Rey,
porque el camino estrecho me reconforta,
porque el Príncipe de Paz salió a mi encuentro,
porque el único ungüento que anhelo es el ungüento de tu Nombre.
Sin añorar, sin añorar nada…
Buenos días a todos y recuerda ¡no merece la pena añorar!
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