... PASAJERO



Y pensar que todo es pasajero, todo, los éxitos y también los fracasos, las cuentas rebosantes y los joyeros repletos, las luces y el baile, los roperos, los zapatos brillantes.

Pensar que todo es pasajero, que en la caja de pino no cabe más que tu destino, pues todo habrá quedado, desolado, sin dueño, o con dueño ajeno.

Pensar que todo es pasajero, las noches en vela, las risas y también los miedos.

Pensar que un día pasarás a lo eterno, al lugar donde todo perdura, lo malo allá abajo, y arriba lo bueno. Decide ahora, en lo pasajero, tu destino eterno.

Mano extendida, muerte de Cruz, camino abierto hacia la plenitud.

¿QUÉ HACER?


A veces pasamos por situaciones complicadas, situaciones en las que no sabemos muy bien como actuar, en ocasiones esperadas, en muchas otras llegan sin avisar y mil sentimientos pueden albergarse en nuestro interior, frustración, descontrol, decepción e incluso rabia. 
Todos estos sentimientos muchas veces nublan el buen proceder y no sabemos muy bien que hacer, como reaccionar y eso produce más frustración y temor ante la incertidumbre.

¿Qué hacer entonces? ¿Que hacer cuando esa situación te golpea el pecho y te deja casi sin respiración? ¿Qué hacer cuando el ataque viene del exterior y es tantas veces injusto?

Con frecuencia la impulsividad te arrastra a sentimientos que te guían a decisiones inadecuadas y esas decisiones acaban magullando tu corazón más y más.

La impulsividad, en estos casos no es buena consejera, es como una linterna con muy poca luz que hace que equivoques el camino y tomes sendas desviadas.

A veces es impulsividad te lleva actuar, cuando en realidad lo mejor era esperar, otras te lleva a posicionarte en la pasividad más absoluta, cuando lo idóneo era actuar.

Así que en ocasiones tomamos decisiones que no son las adecuadas para el momento, y es el resultado de esas decisiones los que nos llevan a volvernos a encontrar en situaciones que de nuevo te dejan sin respiración.

¿Qué hacer entonces?

Deja que el Señor tome las riendas, cuando dejamos que sea Él el que tome el control de la situación toda ese torbellino de incertidumbre, toda esa confusión queda desecha, se disipa la neblina y los ojos comienzan a ver con claridad y el corazón a sentir con frescura.

Deja que sea Él el que tome las riendas, y descansa, guarda silencio y escucha su voz, entonces descansarás en la paz de saber que es lo adecuado, lo absolutamente adecuado y cuando caminas por esa senda, no siempre entendida, pero siempre fiable, podrás tomar la decisión adecuada que abre la tráquea para respirar, que pone alas a lo cotidiano y hace de la incertidumbre un inquilino del pasado.

Deja que los impulsos reposen, baja el sonido de tus pensamientos y escucha la voz de Dios, escucha su dirección, toma su mano, deja que vaya delante marcando los trazos y solo camina en sus pisadas,…
 
Deja que Él tome las riendas.
 
Feliz día para todos. 
 

AMÁNDOSE A SÍ MISMA (14) Los Relatos de Amelia



Nunca para de aprender, muchas veces cree que ya no queda nada, ninguna lección, que poco a poco ha aprendido todo lo que necesitaba, pero una vez más Amelia se percata de que su madurez no ha concluido, por situaciones que la dejan triste, sin aliento en el alma, que la decepcionan hasta tal punto que la invita a desistir.

Hoy amaneció como cualquier otro día, tiempo con Dios, hizo el desayuno y transcurrió su mañana entre ires y venires de lo cotidiano, pero siempre con tiempo para reflexionar sobre su vida.
Anteriormente era algo que en absoluto practicaba, solo se dedicaba a devorar las horas y cerciorarse de que la opinión de los demás le era favorable ¡cuánto tiempo perdido! Pero ya no más, ya vive el presente y mira el futuro sin nostalgia, dando pasos cortos pero bien anclados en su vida, en su propia vida.

Amelia sonríe, es feliz, disfruta del devenir de las horas, de la compañía, de la risa de los demás y de su propia risa, aunque alguna vez amanecen días como hoy, que entran dentro de los parámetros de la normalidad pero que en un momento determinado se tiñen de desconcierto.

Mientras lucha por mantenerse fuerte, una respuesta que no espera, que la hace tambalearse de nuevo, que amarga el sabor y hace que las preguntas ronden de nuevo su cabecita.

Amelia permanece sentada frente a la mesa, mientras fuera oscurece, con mucho por hacer pero sin deseos de hacerlo, hasta que es el Señor el que toma las riendas, el que habla a su oído, el que la hace sentarse en la paz de sus verdades, de sus revelaciones tan personales, cuando le recuerda de nuevo que no está sola, y que aunque esos sentimientos de nuevo colorean su suelo de tonos grises, Él está ahí, a su lado, y eso es lo único que importa. Esa verdad la la libera, le va dibujando una sonrisa y dando rubor a su rostro, ese que palidecía mientras la sonrisa agonizaba.

El Amado le habla de que debe amarse a sí misma, valorar y luchar por su dignidad, para que nadie la pisotee con arrogancia. Tiene que amar a los demás, sí, pero Amelia también debe aprender a amarse a sí misma, y para ello a veces es necesario trazar una linea con la persona que continuamente la lastima, hoy aprendió que el Señor le agrada que ponga límites para no ser lastimada, y que eso no es falta de amor en su vida, ni egoísmo, sino amarse a sí misma, valorarse, cuidarse, protegerse.

¡Cuantas lecciones de vidas en días que parecen simples que transcurren con normalidad pero en los que Dios tiene lecciones escondidas en cada esquina!

Orar por el que te persigue, por el que te ignora no significa que le cedes el derecho a pisar tu vida, tu dignidad, tu valor.

Cuando se da cuenta de que todo esto no solo no te condena, sino que por el contrario te trae libertad, ese día que parecía normal se convierte una vez más en la escuela de Amelia, esa escuela que a veces duele tanto, pero que le trae tantas satisfacciones pues está aprendiendo a vivir, a vivir de verdad su propia vida.

Termina su té, se acurruca en el sillón viendo anochecer, agradecida por aprender que decir basta, a veces es una forma de amarse.

Agradecida por algo que sabe: no está sola, el Señor siempre pendiente de cada detalle, no solo del que Amelia esboza, sino del que siente en el corazón, muy adentro, del que nadie es consciente, pero que para el Amado nunca pasa desapercibido. Como no estar feliz en medio de cualquier circunstancia al saberse tan profundamente amada.

INVITACIÓN:

La Biblia dice que debemos amar a los demás como a nosotros mismos, y en ocasiones olvidamos la última parte del versículo, nos quedamos con amar a los demás y muchas veces nos olvidamos de amarnos a nosotros mismos.

Amarte a ti misma es como en el caso de Amelia, poner freno al que que te lastima, de diferentes formas, al que te ignora, al que has extendido la mano cien veces pero siempre te la acaba rechazando.

¿Que hacer por ellos? No olvidarlos, por supuesto, no guardarles rencor, pero no dejes que tu dignidad sea puesta a un lado, no dejes que te lastimen más, deja de llorar, pon límites y ora por ellos, eso es algo que sí podemos y debemos hacer. 
Por lo demás, se feliz, deja que la primavera florezca en tu interior, ámate, comienza a vivir esa vida plena que Dios compró para ti y si para ello tienes que dejar de llamar a ese teléfono, cerrar alguna puerta, hazlo, no es falta de amor, y como dijimos antes, siempre puedes orar por ellos, ese es el mayor acto de amor que podemos hacer por alguien.
Y tú ¡a vivir! Dios desea que seas feliz.
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